Una instalación de gas antigua puede parecer inofensiva… hasta que deja de serlo. Muchas viviendas siguen funcionando con sistemas instalados hace décadas, cuando las normativas eran distintas, los materiales menos seguros y el mantenimiento no se tomaba tan en serio. El problema es que el gas no avisa: cuando falla, lo hace de golpe y con consecuencias graves. Por eso, si tu casa tiene unos cuantos años, este tema te interesa (y mucho).
El paso del tiempo no perdona
Las instalaciones de gas no son eternas. Con los años, las tuberías se deterioran, las juntas pierden estanqueidad y los materiales se vuelven más frágiles. Esto aumenta de forma considerable el riesgo de fugas de gas, incluso aunque todo “parezca” funcionar bien.
Además, muchos sistemas antiguos utilizan tuberías de hierro o cobre envejecido, mucho más propensas a la corrosión. Una pequeña fisura puede ser suficiente para provocar una fuga peligrosa dentro de la vivienda.

Fugas de gas: el riesgo silencioso
El mayor peligro de una instalación vieja es, sin duda, la fuga de gas. En algunos casos se nota el olor, pero en otros puede pasar desapercibida durante horas o días. ¿El resultado? Acumulación de gas en el ambiente, con riesgo real de explosión o incendio.
Basta una chispa, encender una luz o usar un electrodoméstico para que ocurra un accidente grave. Por eso, confiar en una instalación antigua es jugar a la ruleta rusa sin darte cuenta.
Riesgo para la salud
No todo se reduce a explosiones. Una mala combustión provocada por instalaciones obsoletas puede generar monóxido de carbono, un gas altamente tóxico, incoloro e inodoro. La exposición prolongada puede causar mareos, dolores de cabeza, náuseas e incluso intoxicaciones mortales.
Muchas veces, estos síntomas se confunden con cansancio o malestar general, cuando en realidad el problema está en una instalación de gas en mal estado.
Incumplimiento de la normativa actual
Otro punto clave es que las instalaciones antiguas no cumplen con la normativa vigente. Las leyes cambian para mejorar la seguridad, y lo que hace 20 o 30 años era legal, hoy puede ser un riesgo.
Esto no solo afecta a tu seguridad, sino también a posibles inspecciones obligatorias, venta o alquiler de la vivienda. Si el sistema no cumple la normativa, tocará renovarlo sí o sí… y cuanto antes, mejor.
Aparatos antiguos, problemas asegurados
Calderas, calentadores y cocinas conectadas a instalaciones viejas también sufren las consecuencias. Estos aparatos pierden eficiencia, consumen más gas y aumentan las probabilidades de avería.
Una instalación moderna no solo es más segura, también es más eficiente, reduce el consumo y te ayuda a ahorrar en la factura a medio y largo plazo.
Señales de alerta que no debes ignorar
Hay ciertos avisos claros de que algo no va bien:
Olor a gas, aunque sea leve
Llamas amarillas en lugar de azules
Hollín alrededor de la caldera o cocina
Tuberías visiblemente oxidadas
Instalación sin revisiones recientes
Si reconoces alguno de estos puntos, es momento de actuar. Mirar hacia otro lado no es una opción.

La importancia de una revisión profesional
Aquí es donde entra en juego contar con una empresa especializada. En Mapa Instalaciones analizan el estado de tu sistema, detectan posibles riesgos y te proponen soluciones seguras y adaptadas a la normativa actual.
No se trata solo de cambiar tuberías, sino de ganar tranquilidad, proteger a tu familia y asegurarte de que todo funciona como debe.
Renovar es invertir en seguridad
Actualizar una instalación de gas no es un gasto, es una inversión en seguridad, salud y eficiencia. Con una instalación moderna reduces riesgos, mejoras el rendimiento de tus equipos y cumples con la ley sin sobresaltos.
Además, con profesionales como Mapa Instalaciones, el proceso es claro, rápido y sin complicaciones, con asesoramiento desde el primer momento y trabajos realizados con todas las garantías.
Si tu instalación de gas ya tiene unos años, no esperes a que aparezca el problema. Más vale prevenir hoy que lamentar mañana.








